Puig(Argentino-1932-1990)fue un escritor talentoso que vivió no pocos
ni desestimables exabruptos en su carrera y biografía.
Realmente odiseica, es la búsqueda de su propia identidad, la que
paradójicamente, al igual que su obra y personajes, se vio retratada
bajo la óptica y armazón peculiar, basada en el montaje multigenérico.
La cruzada vital de Puig, parece atravesada por multiplicidad de discursos de variada índole y calibre
(cine como escapismo y fantasía, boleros y tangos como testimonio
sensible, viajes y becas de estudio como sueños posibles y
frustraciones inminentes. Voces criticas que camuflan y desnudan
indistintamente el ataque vil y apoyo fraterno de sus pares y los
especialistas del arte. Censura política, moral, editorial. Exilio,
persecución, autoridad paterna, complicidad materna, despotismo y abuso
infantil) todo desde una comunidad rural y chauvinista como
General Villegas, Provincia de Buenos Aires, donde creció y forjó su
personalidad y pasión por el celuloide. Amor que tanta satisfacción y
dolor le traería en lo creativo y porque no, personal.
Aquel
páramo de sequía intelectual, pequeño infierno pueblerino, resulta
obligada referencia empírica de Coronel Vallejos, sitio en que se
desenvuelven grandes obras como La traición de Rita Hayworth su primera
novela y Boquitas pintadas, de lejos el mejor de sus trabajos.
Esta última, es además, el pie perfecto para aproximarnos al universo narrativo de Puig,
ya que condensa los fantasmas existenciales del autor, sus fetiches y
manierismos, sus represiones y compromiso ideológico con la libertad
individual y sexual de los subyugados. Desde luego, tampoco
podemos obviar, el dominio vanguardista que tanto éxito le granjearía
en los años setenta. Suma que en la actualidad lo ubica como autor de
culto y uno de los más arriesgados y experimentales narradores
latinoamericanos, de fines del siglo recién pasado.
El bricolage
(Genette define este tratamiento como: Una función nueva que se
superpone y se entreteje a una estructura antigua, y la disonancia
entre esos dos elementos co-presentes, da el sabor al conjunto, en
otras palabras, Bricolage que viene del francés: chapucear,
refaccionar, procura como antiguo arte: hacer algo nuevo con materiales
viejos) es la estructura o edificio narrativo enrevesado que Puig dominó lúdicamente, para llegar al lector.
En Boquitas pintadas, la violencia, la represión sexual, el abuso de
poder, la codicia, el sexismo machista, la sumisión pasiva y amarga del
rol femenino, se entrelazan y estallan con imágenes magistrales (que
nada tienen que envidiar a Hollywood)
En un compendio de entregas
periódicas, tipo novela rosa o folletín. Dieciséis para ser exactos,
cada una, precedida por un bolero. El cruce de voces y visiones de un
mismo hecho o personalidad, es lo que brilla. Puig da tridimensionalidad y perspectiva a géneros menores o paraliterarios.
Metafóricamente, nos encierra en un baúl donde se añejan, cartas de
amor, fotografías, diarios de vida, recortes de revistas adolescentes,
partes oficiales de la policía, un juzgado o institución médica, por
allí revolotea un currículo, una canción, radioteatro y la entrada de
una función teatral o fílmica, el envoltorio de un dulce y lo que
podamos imaginar y que sirve para detallar un momento, una fracción
precaria y fugaz de una relación, una mirada, una vida y desde luego lo
más interesante dentro de estos cambios de foco, serán los
recuerdos, o el doble discurso, el elogio que envuelve odio, la
hipocresía camuflada, la careta mordaz con que se camuflan las más
bajas pasiones o los más recónditos miedos.
La
atmósfera idílica: Aquel pueblo conventillero que vive del chisme y que
como toda olla pública de envidias, resentimientos, alegrías y sueños,
tiene sus protagonistas y antagónicos.
Juan Carlos por
ejemplo, el burdo arquetipo de galán, es una sátira al modelo fílmico
de conquistador, algo así como el protagónico soñado de Corin Tellado,
sólo que aquí, Puig revela por los pensamientos de quienes lo rodean y
por el juego de miradas internas y externas que bombardean al
personaje, una disección de la trivialidad y superficialidad del
prototipo, dotándolo de humanidad innegable, de falsedad, de idealismos
vanos que se molesta en sostener pero que para el lector no son
secretos, pues uno lo ve a cabalidad desde los ángulos más
insospechados. Sabemos mejor que él mismo, como piensa y mejor aún,
como procede y que provoca en los demás con su conducta.
Amparado por la noche, le declara amor a muerte a Nene, luego leemos
una carta que le escribe a Mabel o peor aún, lo vemos colarse a su
dormitorio y acabar por completo con su fachada de sensible héroe al
verlo más tarde forzar a una menor pobre e ingenua. Situación similar
ocurre en sus relaciones fraternas. Pancho es el otro lado de esta
sociedad clasista argentina o latinoamericana, sin ir más lejos. Juan
Carlos es el muchacho blanco, esbelto, clase media, su amigo de farra
es un cabecita negra, moreno, poco agraciado, brutal y pobre, que sólo
aspira a imitar a este y en lugar de conquistar a las hijas de los
hacendados o burócratas, se conforma con tomar a las empleadas como la
Rabadilla.
Las mujeres de la obra tampoco escapan
a la mirada microscópica con que nos dota el autor, aquí se revelan los
atributos más machistas de nuestra sociedad, mujeres que forjan y
alientan a estos hombres bestias, moldes imposibilitados para el cariño
y la sensibilidad. Esperan al príncipe azul que las saque de
las garras del padre, de las fronteras de la ciudad para gozar del
pasajero deslumbramiento de una capital enaltecida.
En tal
proceso, se dejan engatusar y no vacilan en destripar a la que tienen
al lado para congraciarse o dar placer al macho. A fin de cuentas,
somos testigos privilegiados de vidas inmersas en una fantasía
hipócrita y barata, permeada por aspiraciones nutridas al alero del
consumismo, de la frugalidad y ensoñación adolescente que imita modelos
foráneos, inútiles tendencias y lo más grave, se destruye por ellas, se
divide en concordancia a sus designios y forja conductas y
personalidades mezquinas y abusivas. Literariamente una
radiografía cruel pero no por eso menos veraz de cómo nos comportamos,
como asumimos nuestra existencia, los roles y damos o quitamos
identidad.
La obra de Puig sin cuestionamientos,
suda humanidad, visión crítica y en extremo resulta vital, comprometida
con la búsqueda por socavar roles añejos y estereotipados. Todo desde
su experiencia, lo cual nos prueba además cuan buen lector fue de su
tiempo y porque no decirlo, del nuestro, ya que plantea
cuestionamientos postmodernos: Duros ataques a la
racionalidad, al triunfo falo-logo céntrico, consumista, evasivo y
atravesado por miles de ideologías que nos escinden; constituyendo un
mundo moderno fragmentado, irreflexivo, pragmático y contradictorio que
eleva íconos y luego los destaza, que se lanza en hedonismos burdos
para luego imponer dogmas de castidad y moderación.
Ante todo, Puig es un rebelde que pretende desnudar la inconsecuencia
de los cánones y su hipocresía y la mejor prueba de su desafió a dichos
moldes pre-establecidos es su ataque férreo al último de todos los
modelos, el de la novela. Si Rayuela planteó la contra-novela
que quería sacar al lector de su pasividad lineal, Puig en su obra,
quiso revitalizar la cultura pop, lo mundano y coloquial y probar a los
intelectuales empotrados en su ciega verdad, que no hay temas más o
menos literarios, sino formas innovadoras e interesantes de abordarlos.
Algo similar ocurre en El Beso de la mujer araña, otro de sus grandes
títulos, la historia del anarquista Valentín y el gay Molina, es una
especie de mil y una noches (modelo de muñeca rusa o caja china) en que
los personajes sobrellevan el infierno de una prisión latinoamericana
contándose películas a la par que van edificando una relación en que
sus personalidades, uno parco y desconfiado, el otro carnavalesco y
explosivo, ven trastocados sus roles sexuales y destellan como
transgresores de la sociedad (lo que los une en el infortunio), uno por
sus ideas políticas, el otro por su homosexualidad. El mestizaje y
retroalimentación que sufren, honda profundamente en la psicología y
tolerancia humana.
Nuevamente aparece el tema de los que habitan en la periferia de esta sociedad patriarcal, despótica, abusiva. La lucha de los que quieren una alternativa.
Con la narración se cruzan también, teorías Freudianas, hormonales y
revolucionarias sobre la homosexualidad, la voz de Marcuse y Taube
resuellan entre otros teóricos Es digno de destacarse también el homo
erotismo y la presentación de Molinita este personaje tan polémico y a
la vez encantador, que encarna pese a ser hombre, el papel más típico y
predecible de la mujer a la sombra de la masculinidad.
Podrían llenarse largas páginas analizando y recorriendo los pasajes
fértiles de las obras de Puig, Pubis angelical, Cae la noche tropical y
The Buenos Aires Affair, sin embargo es mejor leerlo y hacerse uno el
propio juicio. Personalmente considero que Puig es digno de
ser ubicado entre los más grandes pese al mal recibimiento que siempre
tuvo por parte de la crítica. Ese es el riesgo que se corre al innovar
y socavar territorios inhóspitos que otros no se atreven a siquiera
circundar, optando por mantenerse en los límites seguros que les provee
su empedrado feudo mental.
Como ya dijese en
principio, la consagración de su obra no tuvo el camino glorioso que
pudo esperar un autor de su talla, si bien eventualmente tuvo soltura
económica y éxito comercial. Popularidad principalmente en los años 70,
situación que permitió además que muchos de sus trabajos fueran
llevados a la pantalla grande, una especie de consagración en ese
momento cuando aún los libros no eran sólo manejo editorial y el salto
de un medio a otro significaba trabajo, nuevas perspectivas para el
relato y no un mero artilugio preconcebido como merchandising.
Puig se presenta hoy más como un autor de culto y para escritores,
debido al olvido masivo, en que su trabajo, continentalmente ha caído,
pues el pensamiento que tanto atacó, lamentablemente aún se perpetúa en
espacios académicos y especializados que operan el sabotaje mudo, que
opta por no dialogar en torno a las vías menos ortodoxas de la
literatura. Lo cual resulta mejor arma que el escarnio, a la hora de
silenciar a voces rupturistas como la de Puig. Por ejemplo, recordado
es el comentario que Vargas Llosa hiciera cuando fue jurado del Premio
Biblioteca Breve y amenazó con retirerarse de sus funciones, si
consideraban siquiera entregarle el premio, a ese argentino que
escribía como Corin Tellado.
En fin, pese a escándalos y cortapisas, Puig sigue vigente y podemos ver su influjo en la nueva narrativa, no solo argentina sino latinoamericana y mundial.
Es sin duda un mural del cual se nutrirán los escritores por venir,
autores que como Bolaño, quién también jugó en terrenos similares a la
polifonía y uso de géneros extra-literarios, (cine, música, tv), han
optado por pagar a las vacas sagradas con el mismo silencio y omisión.
No rendir más pleitesía y subordinación. Lo cual se traduce en un
volcamiento hacia los grandes del lado B de la literatura en español.
Roberto Arlt, Macedonio Fernández, Reinaldo Arenas, Severo Sarduy,
Ricardo Piglia y el mismo Puig. Así surgen los Villoro, Aira, Fresán,
Rey Rosa y Bolaño de hoy. Cosmopolitas visionarios, con una apuesta nueva y desmitificadora. El resto esta por escribirse.
Proxima entrega: Miguel Ángel Asturias (Guatemala)
Autor: Daniel Rojas P .

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