Se suele decir que Chile es tierra de poetas, no podemos negar la
fecundidad de la lírica en nuestras fronteras, sin embargo nombres como
Manuel Rojas y Juan Emar durante la vanguardia; José Donoso como
representante e historiador del boom y actualmente Diamela Eltit como
una de las propuestas más interesantes y postmodernas de la nueva
narrativa latinoamericana, permiten afirmar que en la prosa despuntamos
y por tanto, es justo hacer mención a tales figuras y no reducir las
perspectivas de nuestras letras a un mero género.
En esta ocasión, quiero dedicar mi nota a José Donoso (Chileno 1924-1996),
quien fue y pese a que ya no nos acompaña materialmente, seguirá siendo
uno de los más interesantes e influyentes nombres de la novela en Chile
y porque no decirlo en Latinoamérica.
Solemos enmarcar al boom en límites seguros: La Casa Verde , Cien Años de Soledad y Rayuela,
pero qué hay del cubano Cabrera Infante, el mexicano Carlos Fuentes y
desde luego nuestro compatriota, El escribidor intruso. Su opera magna,
El Obsceno Pájaro de la Noche
es una novela monumental, laberíntica y coral como el mismo la definió.
Con ella nos invita a destrozar esos marcos determinantes y
preconcebidos. Nos dispone con majestuosidad, ante un retrato cruel y a
la vez sublime de nuestra identidad social y humana.
Existencias fragmentadas, miradas vigilantes que quiebran la
individualidad que lucha por encontrarse y que muta en cada atmósfera
plagada por la alteridad. El poder, las obsesiones, los miedos, la
frustración. Es una novela mundo como Balzac proponía pero en términos
más exóticos que los del francés. Donoso aquí no presenta
estereotipos o figuras humanas definidas por sus labores o mera
posición social, sino psicologías; patologías que revelan mucho del
chileno, del patrón de fundo o el pretencioso que se jacta de
su apellido o se oculta tras las apariencias. Conocemos al huérfano, al
periférico, el fiel empleado y los linajes bastardos que se escamotean.
Es muy fácil perderse y encontrarse en las páginas de esta obra, sus
quinientas hojas son tan barrocas y manieristas como la mente de su
autor y los pasadizos de La Casa de la Encarnación de la Chimba,
escenario en el cual transcurre mayoritariamente esta pieza. En ella
confluye la experiencia vital del autor, el camino que previamente
trazo con El lugar sin límites, Coronación y Este Domingo.
Sus fantasmas, los vasos que comunican al lumpen con la burguesía a
través de los sirvientes pero ricamente matizado con elementos de la
mitología y génesis. En tal medida, cómo olvidar la rinconada
y su población de gigantes hidrocefálicos, mujeres obesas y enanas
empratrices. Donoso desafía los cánones, el intelecto y esquema
estético del lector.
En sus manos, las alegorías de la
verticalidad tiránica bullen y la sexualidad y su variantes, nos
permiten cuestionar el problema de los roles, ¿Qué es femenino y
masculino? Cómo se producen las desviaciones y la violenta misoginia,
el homoerotismo, la ambigüedad y anulación del cuerpo. Las imágenes en
definitiva se tornan en pesadillas bellas y sueños desastrosos o de
mala muerte como el prefería llamarlos. Esa suma hace germinar una
cosmogonía de criaturas aberrantes y nuevos mitos que replantean el
ideario inconsciente y los símbolos de nuestro pasado que definirán las
sendas del futuro.
Y como hombre, qué podemos decir.
Donoso no negó jamás su condición de burgués. Muchos lo criticaran por
eso, hiriéndolo desde el partidismo o la voz comprometida.
Similares críticas recibieron Unamuno y los noventa y ochistas. Como en
el caso de los españoles, su compromiso fue siempre con la literatura,
su arma y portento. Y en lo relativo a su posición privilegiada, creo
que hay que indagar mejor en su biografía y ver como trazó su camino de
forma personal y consciente, basado en su trabajo y no en el apellido y
tradición. El cual aprovecho, pero en un sentido opuesto. Él fue el primero en hurgar los trapos sucios y mitos en torno a su casta.
En Coronación, Casa de Campo y Este Domingo, abiertamente desnuda a su
propia estirpe y desde ese punto, el creador no vacila en extender la
tarea hacia todos a su alrededor, incluido él mismo y desde luego
Chile, el continente y me atrevería a decir incluso, el mundo.
Para él, estamos en una olla bastarda en que todos nos retroalimentamos
de forma mixta, dañina, bien intencionada y porque no, trágica, dando
origen a inconexos discursos, identidades mutiladas, rompecabezas
humanos que nos esforzamos en escindir, en categorizar y enmarcar por
miedo a la vergüenza, a la mirada, al juicio y oprobio. Pero cómo
alcanzar una verdad y no sufrir los reproches de nuestra consciencia,
si la verdad no es esa castidad y blancura auto-impuesta, sino un caos
y millones de yo contrapuestos.
Su principal viaje es
entonces hacia la desnudez, el término de la represión y desambiguación
en cada ámbito del cuerpo y la mente. En el intertanto seremos sólo
estampillas y frustrados proyectos. (La carga existencial que
representa escribir para Donoso es igualable a la de ser - remítanse a
la anécdota que testimonia el video adjunto.)
Creo que en esa medida Donoso, como sus amigos del boom lo definieron, el más literario de los literatos
fue además el más comprometido, quizá no políticamente pero si social y
psicológicamente con el hombre. Desde su actividad, que realizó hasta
el último de sus días, jactándose de vivir en cada una de sus
creaciones una aventura a ciegas de auto-descubrimiento y perdida; él
paleo cualquier prejuicio e imagen y demostró ser un proyecto más de
sus ficciones que nos replanteaban lo precario de la realidad.
Próxima Entrega: Juan Carlos Onetti Uruguayo (1909-1994)

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